
El otro día, un buen amigo del partido me decía que el tiempo de los “pasteleros” había pasado, que ahora venían tiempos para los “charcuteros”. Mi amigo lo afirmaba con cierta solidez, es cierto que los del gremio, venimos cosechando reiterados intentos fallidos. No obstante, y a pesar de los resultados conseguidos, yo sigo manifestándome a favor de llegar acuerdos en todos los ámbitos en los que pueda.
Amos Oz, en su último trabajo “contra el Fanatismo”, libro que recomiendo en este mismo blog, realiza una apuesta clara por “llegar acuerdos” y yo, modestamente, subscribo totalmente las opiniones de este escritor israelita. Por este motivo, he decido reproducir dos párrafos de su trabajo. No pretendo animar, a mi amigo, ni motivarlo, sólo sirva para reafirmarme públicamente de aquello de lo que creo estar convencido y por lo que sigo apostando con decisión.
Dice que: “…llegar a un acuerdo, a un compromiso, tiene una reputación terrible en los circuitos idealistas europeos, especialmente entre la gente joven. Se concibe el acuerdo como falta de integridad, falta de directriz moral, falta de consistencia, falta de honestidad. El compromiso apesta, comprometerse a llegar a un acuerdo es deshonesto.
No en mi vocabulario. En mi mundo, la expresión es sinónimo de vida. Y donde hay vida hay compromisos establecidos. Lo contrario de comprometerme a llegar a un acuerdo no es integridad, lo contrario de comprometerme a llegar a un acuerdo no es idealismo, lo contrario de comprometerme a llegar a un acuerdo no es determinación. Lo contrario de llegar a un acuerdo es fanatismo y muerte. Y cuando digo acuerdo no quiero decir capitulación, no quiero decir poner la otra mejilla al rival o a un enemigo, quiero decir tratar de encontrarse con el otro en algún punto a mitad de camino. Y no hay acuerdos felices: un acuerdo feliz es una contradicción. ...”.
Amos Oz, en su último trabajo “contra el Fanatismo”, libro que recomiendo en este mismo blog, realiza una apuesta clara por “llegar acuerdos” y yo, modestamente, subscribo totalmente las opiniones de este escritor israelita. Por este motivo, he decido reproducir dos párrafos de su trabajo. No pretendo animar, a mi amigo, ni motivarlo, sólo sirva para reafirmarme públicamente de aquello de lo que creo estar convencido y por lo que sigo apostando con decisión.
Dice que: “…llegar a un acuerdo, a un compromiso, tiene una reputación terrible en los circuitos idealistas europeos, especialmente entre la gente joven. Se concibe el acuerdo como falta de integridad, falta de directriz moral, falta de consistencia, falta de honestidad. El compromiso apesta, comprometerse a llegar a un acuerdo es deshonesto.
No en mi vocabulario. En mi mundo, la expresión
Concluyo como empecé, yo sigo apostando decididamente por alcanzar acuerdos. Cuando en política somos capaces de llegar a acuerdos, los máximos beneficiarios siempre son los ciudadanos. Sólo así seremos capaces de construir un futuro mejor.